Clubz: la nostalgia que se puede bailar
- Oscar Oswaldo Torres Tellez
- hace 3 días
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Hay proyectos musicales que nacen con la intuición de mirar hacia atrás para imaginar algo nuevo. En ese territorio habita Clubz, el dúo originario de Monterrey que, desde hace más de una década, ha construido uno de los universos más elegantes del pop alternativo mexicano.
Integrado por Orlando Fernández y Coco Santos, Clubz encontró desde el inicio un lenguaje propio: sintetizadores cálidos, ritmos que evocan el pop de los años ochenta y noventa, y letras que parecen escritas desde la memoria. Su música no busca replicar el pasado; lo reinterpreta con sensibilidad contemporánea.

El punto de inflexión llegó con Destellos (2018), un disco que rápidamente se convirtió en referencia dentro del synthpop latinoamericano. Canciones como Épocas y Templos revelaron una fórmula que parecía simple, pero que en realidad era profundamente precisa: melodías luminosas, producción minimalista y una nostalgia que no pesa, sino que acompaña.
A partir de ahí, Clubz consolidó una estética que habita entre la pista de baile y la contemplación. Su trabajo posterior, como Destino, confirmó que el proyecto no era una tendencia pasajera, sino una exploración sostenida de las emociones que sobreviven en la música pop: el deseo, la distancia, la ciudad nocturna.

Escuchar a Clubz es, en muchos sentidos, escuchar el eco de una generación que aprendió a sentir entre sintetizadores y pantallas. Hay algo íntimo en sus canciones, incluso cuando invitan a bailar. Una especie de melancolía luminosa que convierte cada tema en una escena: una carretera nocturna, una fiesta que se acaba tarde, una conversación que quedó suspendida en el tiempo.
En el panorama actual de la música mexicana, Clubz representa una rareza valiosa: un proyecto que ha sabido crecer sin perder delicadeza. Un pop que no teme ser sensible. Un sonido que confirma que, a veces, la nostalgia también puede ser una forma de futuro.



